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¿Ponerle Música Clásica a mi Bebé lo hará más Inteligente? El Efecto Mozart Explicado

Por: Emmanuel Domínguez Rosales, Psicólogo y Neuropsicólogo

La interacción entre la música y la cognición humana ha sido objeto de estudio por muchos investigadores y neurocientíficos. Quizás uno de los temas más populares es el efecto que la música (especialmente la música clásica) podría tener de manera positiva sobre la inteligencia humana. Esto se ha visto reflejado en la popularidad y las altas ventas que tuvieron discos de música que aprovechaban esta creencia.



¿Creencia? Esta idea de que la música aumenta la inteligencia en parte fue: una creencia popular, una mala interpretación de una publicación científica y un artículo publicado con una metodología cuestionable para los conocimientos actuales de la Neurociencia y la Psicología.

En esta ocasión, tratamos de responder a la pregunta: ¿poner música clásica a los bebés los hace más inteligentes? Esto se conoce como el Efecto Mozart y esperamos que sea de interés.

Concepto de Inteligencia

Por sí mismo, el concepto de inteligencia merece líneas más extensas en su explicación. Pero resumimos algunos puntos: ¿Qué es inteligencia?



La inteligencia tiene varios enfoques, uno de ellos es el de Biet y Simon (1908) y el de Terman (1916) que la consideran una característica unitaria de capacidades cognitivas adquiridas en el desarrollo. Otro autor, Piercy (1964) pensaba que la inteligencia es una tendencia de las regiones cerebrales al servicio de funciones intelectuales para desarrollarse apropiadamente en un individuo. Según eso, si una persona tiene bien sus habilidades verbales, todo lo no-verbal está bien también. Otro enfoque es el de Spearman con su factor g, donde concentra más una inteligencia general y es la capacidad de todas las actividades cognitivas para ejecutar bien ciertas tareas (lo que se ve en las pruebas de inteligencia).

¿Cómo se mide el nivel de inteligencia de una persona? Para determinar la inteligencia se usan escalas o baterías de pruebas que constan de varias subpruebas de las cuales se obtienen puntuaciones, estas puntuaciones se comparan con grupos normales y de ahí se sabe qué tan normal, inferior o superior es el Coeficiente Intelectual. Algunas de popularidad son las Escalas Wechsler, Raven, Terman, que se usan algunas en ámbitos laborales y en procesos de ingreso a universidades.



La Historia detrás del Mito

¿De dónde surgió este mito? Bueno, se remonta a una publicación en Nature en 1993 de Rauscher, Shaw y Ky. Donde los investigadores escucharon por 10 minutos una pieza de Mozart (sonata para dos pianos en D mayor, que dura sólo 8 minutos) y se sometieron a una evaluación de coeficiente intelectual (CI) espacial antes y después.



En los resultados mostraron un aumento entre 8 y 9 puntos en su coeficiente. Concluyeron que el efecto es temporal. Este trabajo jamás apuntó a que mejorara la inteligencia en los niños, ya que los sujetos de prueba eran estudiantes y tampoco apuntaba a que mejoraran las habilidades espaciales, sólo un efecto de aprendizaje (NO DE INTELIGENCIA).



El Efecto Mozart

Se acuñó por el médico Alfred Tomatis en 1991 en su publicación “¿Por qué Mozart?” donde decía que escuchar a Mozart a ciertas frecuencias, y más con pianos, mejora la audición y el desarrollo del cerebro.



Luego el pedagogo y músico Don Campbell en 1997 publicó el libro “El efecto Mozart: aprovechar el poder de la música para sanar el cuerpo, fortalecer la mente y desbloquear el espíritu creativo”, donde decía que escuchar esta música aumenta el CI y otras funciones.



La mercadotecnia no escapó a este efecto y las empresas de juguetes aprovecharon estos datos y comenzaron a lanzar juguetes, discos y casets con el efecto Mozart ya dirigido a bebés. Tanto así que en el año 2003, el disco Efecto Mozart de Don Cambpell pudo vender más de dos millones de copias.

Ya desde el 2008 Amazon lanzó sus discos basados en el mismo efecto. Ahora nosotros podemos ver todavía en las tiendas de música discos con bebés en las portadas.

Sin embargo, algunos estudios asocian las habilidades musicales con el CI, pero eso no quiere decir que sólo por el hecho de escuchar a Mozart uno aumente su inteligencia. En este caso se trata de personas que tienen formación y educación musical formalizada.

El problema es que el efecto Mozart se difundió ampliamente como en una especie de teléfono descompuesto e incluso hasta se incrustó en las opiniones de estudiantes de psicología en ciertas universidades de EE. UU. Como consecuencia, en ciertos estados del país del norte algunos gobernadores empezaron a invertir mucho dinero en otorgar discos basados en el efecto Mozart, pero ya con otros músicos, como Beethoven. Hasta que se aprobó una ley donde se destinaban fondos para que las guarderías infantiles tuvieran música clásica.



La Evidencia

 Hay varios estudios que no encuentran esta correlación entre escuchar música de Mozart y el CI.

o   Gray y Della Sala en el 2007 lo replicaron y no encontraron ningún efecto.

o   Otros que revisaron trabajos encontraron efectos triviales (sin correlación significativa y duradera), como Chabris en el 99 y Steele y colaboradores el mismo año.

o   Todos los estudios hechos se habían hecho con personas adultas, no con niños, ni mucho menos con bebés.

o   Algunas revisiones han mostrado un leve efecto, pero con datos muy variables. O sea que estos resultados son todavía inconsistentes e insuficientes para hablar de una asociación entre la música clásica y la inteligencia.

o   Otros trabajos han apuntado a cierto efecto en la actividad eléctrica en personas con epilepsia.

No obstante, todos estos resultados siguen siendo muy variables y no hay nada determinado aún. Lo que sí se ha encontrado es cierta destreza, pero en personas musicalmente instruidas, tanto cognitivamente como neuroendocrinamente. También se ha encontrado evidencia de que tiene efectos positivos en terapias con personas con demencia.

En Resumen…

El efecto Mozart puede que funcione en el rendimiento de ciertas tareas mentales en un periodo corto de tiempo, pero no se puede decir que sea por la música de Mozart en sí, o de cualquier otro compositor (Gray y Della Sala, 2007). Tampoco hay evidencias de que esto funcione en bebés.

Tal vez también esté influido este mito por el entusiasmo de los padres de criar niños inteligentes y “de cuadro de honor”. ¿A quién no le gustaría que la inteligencia de su bebé aumentara “mágicamente” sin poner otro empeño más que reproducir música clásica?

Hay otras cosas que sí están determinando la inteligencia en el desarrollo: un entorno estimulante y creativo fomentado por los padres, años de escolaridad, nivel socioeconómico y una buena salud física. Así que si al niño o niña se le brinda un ambiente rico en experiencias, aprendizajes y salud, el tipo de música que escuche será lo menos relevante para su inteligencia.

REFERENCIAS

Campbell, D. (1997). El efecto Mozart, El sonido y la curación. Barcelona, España, Edición Urano, 71-8.

Steele, K. M., Dalla Bella, S., Peretz, I., Dunlop, T., Dawe, L. A., Humphrey, G. K., ... & Olmstead, C. G. (1999). Prelude or requiem for the ‘Mozart effect’?. Nature400(6747), 827-827.

Lilienfeld, S. O., Lynn, S. J., Ruscio, J., & Beyerstein, B. L. (2010). Os 50 maiores mitos populares da psicologia. Editora Gente Liv e Edit Ltd.

Chabris, C. F., Steele, K. M., Dalla Bella, S., Peretz, I., Dunlop, T., Dawe, L. A., ... & Rauscher, F. H. (1999). Prelude or requiem for the'Mozart effect'?, vol. 400.

Gray, C., & Della Sala, S. (2007). The Mozart effect: It’s time to face the music. Tall tales about the mind and brain: Separating fact from fiction, 148-157.

Mérida, J. A. M., & Jorge, M. L. M. (2007). La Escala de la Ingeligencia de Binet y Simon (1905) su recepción por la Psicología posterior. Revista de Historia de la Psicología28(2), 307-313.

Piercy, M. (1964). The effects of cerebral lesions on intellectual function: a review of current research trends. The British Journal of Psychiatry110(466), 310-352.

Rauscher, F. H. (1994). Music and spatial task performance: A causal relationship.

Steele, K. M. (2000). Arousal and mood factors in the “Mozart effect”. Perceptual and Motor Skills91(1), 188-190.

Terman, L. M. (1916). The Measurement of intelligence c. 2. Houghton Mifflin.

Tomatis, A. (1991). Pourquoi Mozart?: essai. Fixot.

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